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Beber en Japón: experiencias alcohólicas

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La noche empezó en Shin-Okubo, el barrio coreano de Tokyo, donde nos encontramos con Guada y Taka para cenar alguna especialidad de la zona. Miles de restaurantes coreanos marean a cualquier extranjero con ganas de probar algo distinto. Pero Taka era local así que nos llevó a un lugar donde nos sentaron al lado de un grupo de cuatro amigas que celebraban un cumpleaños. Después de mucho indagar, pedimos un plato que se sirve en una olla con fuego incluído que traía un pollo entero enorme metido en una sopa casi transparente. Pero también pedimos una botella de licor coreano, solo por probar.

Los pequeños vasitos que nos trajeron para tomarlo ya pronosticaban la fortaleza etílica de esta bebida de la cual no sé el nombre. Los tres brindamos y nos tomamos un poco. A los pocos segundos, nuestras gargantas hervían del más profundo alcohol entrando.

En Japón es completamente común tomar y tomar mucho. En parte cultural, en parte como una segura vía de escape, una droga legal y cotidiana invade las mesas japonesas: el alcohol. Tal como sucede en muchos países del Norte, sobre todo lo vi en Reino Unido y Escocia, la gente necesita despejarse con bebidas que los estimulen, que les permitan salirse del mundo conocido y entrar en el mundo posible. La cerveza y el sake son los primeros que llegan a las mesas.

Esa noche seguimos en un bar coreano con más alcohol, pero ya entre una pequeña multitud -los bares en Japón nunca están llenos!- sentada riendo y haciendo más ruido de lo normal. Jugamos al pool o al menos intentamos y seguimos. Nuestro objetivo de la noche era el Golden Gai y ya con varias copas encima solo podía seguir a Guada, que sabía el camino.

En el Golden Gai, unas calles con muchísimos pequeños bares uno al lado del otro, tratamos de conseguir un lugar donde no cobren entrada y donde haya gente adentro. Llegamos a uno que nos pareció ok y nos sentamos. Cada bar tiene alrededor de cinco banquetas como mucho, uno o dos bartenders y mucho alcohol disponible para consumir. Así que eso hicimos: no me gusta la cerveza así que siempre pedía tragos. Por experiencia, diré que cada trago puede costar entre 500 y 1.000 yenes en Tokyo. Quizás en otras prefecturas menos turísticas, cuesten menos.

En nuestro bar, charlamos con los chicos que estaban ahí y con el bartender. Creo que estos bares como las famosas izakayas (lugares donde los trabajadores de oficina se reunen a bebes) son lugares perfectos  para interactuar con japoneses más abiertos, quizás el alcohol ayude, y la predisposición esté mas a flor de piel.

Si no es en un bar, en los transportes públicos, especialmente en tren y subte en Tokyo, se puede ver un panorama muy distinto a partir de las 18 de la tarde. Los trenes huelen a alcohol y las personas, si bien controlan todo impulso, están un poco más distendidas y hablan en un tono más alto. Se puede grupos de amigos que se ayudan a mantenerse en pie, pero al ser Japón uno sabe que nada malo pasará porque siempre hay mucho control -aún en el pequeño descontrol que pueda causar el alcohol-.

Japón tiene una cultura alcohólica fuerte y propia que forma parte de su personalidad y de su historia. Los bares de sake, por ejemplo, son lugares que también vale la pena ir. Aunque poco y nada sepa de alcohol y menos de sake, se puede aprender y degustar. Mi experiencia con el sake se dió en Kyoto y recomiendo mucho perderse en pequeños lugares locales y escondidos, salir de las luces tradicionales para poder encontrar la verdadera tradición.

Perderse en los distintos bares, probar distintos tragos, ver cómo es la experiencia alcohólica en un país, observar y estar abierto a todo lo que estas escenas muestran es también una forma de conocer más íntimamente una cultura. Y en Japón, sobre todo aquí, aún más.

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