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El secreto mejor guardado de Himeji

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Cada vez que pienso en Himeji se me viene a la mente el famoso castillo. Es uno de las antiguas construcciones que aún conservan las mismas características que tenía en las épocas en que se construyó. Sin embargo, Himeji tiene un secreto súper bien guardado y es el Monte Shosha o Shosha-san. A sólo 7 kilómetros de la estación de trenes, el monto aparece después de caminar por una avenida. Antes de llegar a Himeji, había leído sobre este lugar y le propuse a Guada ir. Hicimos todo el trayecto caminando, mientras charlábamos un poco de nuestras vidas y este viaje.

Si bien es un trayecto largo, si tienen tiempo pueden hacerlo caminando sin problemas. También se puede tomar un colectivo en la estación por la módica suma de 300 yenes. Después de cruzar un río, aparece en las orillas de la ciudad el fabuloso monte Shosha.

El día en que fuimos, cerca de las 15hs de la tarde, no había mucha gente. Y son pocos los lugares en donde se señala su existencia, pero vale muchísimo la pena. Algunas personas dicen que los templos son todos iguales, pero no lo son. Shosha tiene unos templos de madera muy muy antiguos y con una energía especial. Quizás es porque se encuentran en el medio del monte, rodeado de vegetación y luces mágicas. Al llegar al monte, subimos por un monorail hacia la base, desde donde hay que seguir caminando por una media hora hasta encontrarse con el complejo de templos.

Shosha es conocido porque parte de la película El Último Samurai se filmó allí. Es ideal para pasar un día entero, viendo los árboles, las estatuas budistas que inundan el monte, la vista panorámica de Himeji desde arriba. Uno de los templos más especiales es Maniden, emplazado aún más arriba del monte, de madera oscura, con hojas de los árboles flotando sobre él. Mucha paz y mucho silencio lo hacen ser un lugar especial.

El templo Engyioji es el principal, donde filmaron las escenas de la película, sin embargo no es el que más llama la atención. En el camino, recomiendo mucho hacer 2 paradas: en la puerta de entrada al complejo de templos, una puerta de madera muy simple pero muy significativa, con un espíritu especial. Otra parada es a la salida del templo Maniden donde se ubican un conjunto de estatuas pequeñas de más de 100 Budas. Es una imagen hermosa, y se siente cierta divinidad en su atmósfera.

El secreto mejor guardado de Himeji vale mucho la pena: abran sus ojos y lo encontrarán.

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