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La sorpresa más grande (parte 2)

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Nos volvimos a ver al día siguiente. Era la prisa de lo que se gustan pero no saben bien qué va a pasar. Mi vuelo era en 2 días así que las opciones eran acotadas. Vos trabajabas a una hora de Tokyo, hasta las 9pm de la noche. Pero arreglamos todo y quedamos para encontrarnos a cenar ese mismo día, como a las 11pm en Ikeburo. Me acuerdo que pensé que si venías y viajabas ese trayecto largo, entonces realmente te gustaba. Pero uno nunca sabe con los japoneses, qué tipo de cosas pueden llegar a hacer por uno, solo por gentileza.

A la noche me puse un vestido, me arreglé especialmente. Seguía haciendo frío. En la estación, te esperé. Me habías dicho que nos encontrábamos en la North Exit, pero por alguna razón me quedé esperándote en el molinete. No venías, no venías, no venías. Pensé que después de 30 minutos ya no ibas a venir. Mientras tanto, me encandilé con los encuentros y despedidas de un viernes a la noche en una estación de tren. Me fascinan las reverencias japonesas, despedidas que duran más de lo que uno puede predecir, quizás las más largas que haya visto. Vi grupos de amigas que se juntaban, pensé en mis amigas, en que las extrañaba.

Y vos no llegabas. De golpe, vi un cartel que decía: North exit, y señalaba afuera. Entonces salí porque vos habías dicho North Exit en tu mensaje y yo no estaba esperando en el lugar correcto. Al salir, estabas mirando tu tableta ahí. Nos encontramos. Sentí un alivio terrible y me quise matar, al mismo tiempo. Yo me había equivocado y por eso hacía media hora que los dos nos estábamos esperando en lugares distintos.

Más tarde me confesarías que vos también estabas por irte, porque después de media hora de esperarme pensaste que no vendría, pero por alguna razón te quedaste y cuando me acerqué, aun sin verme, pudiste sentir mi energía, que yo estaba ahí, llegando. Cuando me lo contás en la cena, creo en magia. Y vos también.

Cenamos en un restaurant típico japonés donde pedimos distintos platitos con pollo, papas fritas, tempura, etc. Miro mi reloj: son las 12:35am y estoy a punto de perder el último tren que me lleva de vuelta al hostel. Por alguna razón, esto no me importa. Seguimos hablando, sos interesante, sos lindo. Miro mi reloj: son las 3:30am, y empiezo a tener sueño. Creo que te das cuenta y decis: mejor nos vamos. Vos al manga café para pasar la noche porque volver a tu casa es imposible sin trenes en la madrugada, yo a mi hostel. Elegís un taxi, entro y me voy. Pero cuando me voy siento que no debería estar en ese taxi, que debería estar con vos. Pero es tarde, es Tokyo y ya casi llegué a Ueno.

(Continuará)

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