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Una alumna especial

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A los 9 años de edad, una niña debió dejar su casa natal en Osaka para irse sola hasta la isla de Shikoku, ubicada en el sudoeste de Japón. Era 1945 y el país se sumergía en la peor de sus pesadillas. La Segunda Guerra Mundial iba a arrasar con todo el suelo japonés pero esta niña sola de apenas 9 años no lo sabía.

Después de que pasara lo peor, los japoneses debieron afrontar períodos de pobreza extrema. Perder la guerra les había hecho perder todo. La niña, a la que llamaremos Hiroko, ya no tiene alimentos. Ella dice que por eso es tan bajita ahora, porque durante la época de mayor crecimiento de un niño, no tenía comida.
Sin embargo, quizás no tener comida, haya sido un consuelo mejor que el de haber perdido todo. Después de la bomba, ella aún conserva su familia: su mamá, su papá, su hermana pequeña y hasta su futuro marido. Este último estuvo a una cuadra de perderlo todo: la bomba en Hiroshima lo encuentra a media cuadra, protegido por quién sabe qué, pero vivo. Sin embargo, ella piensa que las secuelas han de acabar con su vida años más tarde.

Todo es posible en el Japón de esa época: la muerte, el hambre, la soledad de los niños. Hiroshima es devastada y más de 14 mil personas mueren de un segundo a otro. La bomba ha caído como un estruendo gigante, un estruendo que Hiroko no olvidará jamás.

A los veintipico de años, Hiroko visita por primera vez Europa. Lo hace en un tour de japoneses, pero aún así para una chica de su edad, en esta época, viajar “sola” desde Japón debe ser precursor. Viaja por distintos países, desde Italia a Suiza, Alemania, Reino Unido. Tiene todo escrito en un mapa que conserva, cada ciudad, cada itinerario.
Quizás su mente no la ayude a recordar cada detalle, pero a los 80 años Hiroko recuerda mucho. Toda una vida lleva de aventuras, aunque también tristezas. Una vida que trae a cuestas, como todos, y que comienza a destejer en una tarde cualquiera en Kibi-chuo, Okayama. Soy su interlocutora, soy su profesora de inglés. La escucho atenta, corrijo algunos errores. Hace solo 10 años, como si hiciera uso minucioso de cada año que tiene, comenzó a estudiar inglés. Lo hizo sola, con libros de texto que usan los chicos en secundaria y algunos videos y programas de TV. Su nivel es básico, pero espera que antes de morir, sea capaz de interactuar cada vez más con los turistas que recorren a diario su ciudad: Hiroshima.

Me mira atenta. Me mira atenta en la cena también. Me dice que aprecia mi saco argentino, saco que también amo. En un momento de la clase, me muestra una foto de su hija con ella, alrededor de 11 años atrás. Ella ya no está ahora en este mundo.

Hay un momento crucial en la vida de las personas, en su vida hay muchos. Hizo mucho, se movió, vivió como quien sabe que esto que tenemos es único y no hay que desperdiciar ni un segundo. Nos enseña a todos en esta casa, todos estamos fascinados con ella. Cuanto más cuenta, más podemos entender e indagar. Hiroko es nuestra nueva invitada en la escuela de inglés y estoy segura de que volveré a escribir sobre ella.

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