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Viajar sola en Japón

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“Vivimos en un mundo maravilloso que está lleno de belleza, encanto y aventura. No hay un límite para las aventuras que podemos tener siempre y cuando las busquemos con los ojos bien abiertos”. –Jawaharial Nehru

Estoy sentada enfrente a un panorama verde, bello, enorme. No importa si es Japón o Mongolia. Estoy acá y eso es todo lo que importa. Los ruidos del teclado, de los insectos, en olor a quemado, el ruido de las aves. Esto es toda mi vida ahora, que viajo sola. En el comienzo, tenía dudas sobre cómo haría para enfrentar un avión, un aeropuerto nuevo, un camino extraño en un idioma que no conozco mucho. Después de tanto tiempo viajando acompañada, pareciera una dudar de sus propias fuerzas. Las fuerzas están y estarán siempre.

El viaje me dijo: No vas a estar sola. Y muchísima gente vino a mi encuentro, de distintas formas y con distintos destinos. Como si los mapas nuestros hubieran detenidose en un mismo punto coincidente. ¿Cuántas millas tuvimos que recorrer para encontrarnos? El placer de viajar sola creo que reside ahí: una está abierta, las conversaciones pueden surgir en cualquier momento, las rutas pueden cambiar en cualquier segundo, hay acoples y despedidas, pero todo es decisión propia. Nadie interfiere: una hace lo que siente.

El primer atisbo de querer viajar sola (nuevamente) lo había tenido en Italia: algunos desencuentros por las cosas que queríamos visitar habían hecho que pensara que lo mejor era andar bajo un mando propio. Japón vino solo. O vino acompañado de un mando propio con un montón de personas que caminaron a la par: Kerstin, Trini, Shun, Jacquie, Eli, Anna, Mia, etc,etc,etc. Cada uno de ellos, me hizo sentir que en realidad no estaba sola, que las vidas que les pasaban a ellos eran paralelas, que estábamos todos en una búsqueda distinta, coincidiendo por días u horas.

Viajar es perseguir todo y nada a la vez. Tomar de cada viajero lo que cada uno quiere dar, abrirse a cada uno en la medida que el otro lo necesite. A veces acompañarnos en silencio, a veces compartir magia, química y física. No importa. Este viaje nunca estuvo pensado para estar sola, y en algún recoveco se ve que lo sabía porque fueron pocos los momentos en que navegué conmigo misma.

Este viaje es superación: es saber cada vez más, poder cada vez más, ser capaz de abrir cada vez más. Y viajar sola, es solo una frase que a veces explico, como ahora.

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