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Mi vida en Okayama

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Nuevo mes, nueva casa! Llegué a la prefectura de Okayama un mediodía después de media hora en Shinkansen. El tren va muy rápido y, aunque es caro, sirve para ir de acá para allá en muy poco tiempo. Después de llegar a la estación, tuve que esperar más o menos por 2 horas para el siguiente bus que me llevaría a mi nueva casa: en el pequeño pueblo de Kibi-Chuo.

En esas horas aproveché para escribir mucho en un café, comer una pizzeta y un cheesecake (yummy!) y observar un episodio muy extraño de una persona que se desvaneció en el local, mientras todos comíamos y fue llevada en ambulancia hacia seguramente un hospital. Lo extraño de todo fue que nadie se inmutó, gritó, hizo mucho ruido. Al lado de la señora desvanecida, algunos comían sin problemas. Después fui hasta la parada donde me subí al bus de las 15:46 hs para adentrarme en el Japón profundo. 

Los paisajes empezaron a cambiar, a ser más verdes, más campestres. Había vistas increíbles, de montañas llenas de vegetación apareciendo y desapareciendo. Llegué y bajé en mi parada en pleno silencio. No había nadie. Ni casas. Seguí las instrucciones y al poco tiempo escuché una frase: Are you the Argentinean girl?

«Siii», le dije a un chico que venía andando en bicicleta en el medio de la nada. Era Seb, un inglés que también es voluntario en Nano Village. Llegué a la casa después de una larga colina que separa la casa de la calle, con vistas a un arrozal, con una cabra pequeña y dos campesinos.

La casa es enorme, somos 6 voluntarios de distintas partes del mundo aunque domina Canadá, después UK y después Sudáfrica. Además está la familia de Nao-chan, Kida-San y una beba de 2 años, que son los dueños de todo el lugar. La vida es tranquila: hacemos pan (todo el tiempo, todos los días!!), hacemos yoga (grabamos videos como este!!), caminamos, andamos en bici, leemos, charlamos, escribimos, planeamos nuestro viaje, etc. Hoy fue nuestro primer día de «trabajo»: fuimos a una escuela de la zona, donde cocinamos Udon (una especie de noodle, pasta japonesa!) con los alumnos, que eran sólo 9. Fue genial. Mañana nuestro trabajo consiste en ir nuevamente a la escuela: almorzar con ellos y asistir al concierto. Uno de los chicos de la escuela estaba completamente vestido de Barcelona FC, y cuando le dije que era argentina se volvió loco. Meji (Messi en japonés) es su ídolo, y cuando nos despedimos me dijo: Chau, chau. Español en pleno campo, en el medio de la nada. Messi, gracias 😀

Hoy Nao-chan (la señora, que está embarazada de 8 meses) me ofreció quedarme hasta fin de mes y lo voy a aceptar. Me siento tranquila, cómoda, el lugar es lindo y hay mucho por recorrer en esta zona. Este finde llegan 9 personas para interactuar con nosotros en una inmersión al idioma inglés, así que hay mucho trabajo pero es lindo, es fácil y es rico, porque podemos conocer japoneses y charlar con ellos.

Bienvenidos a mi nueva vida en Japón profundo, rural, bello y tranquilo.

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