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Una noche en Kobe

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Tenía algunas esperanzas de que Kobe sea increíble, tenía una cena planeada, un hotel reservado y una sensación ambigua de ir y no ir. Llegar desde Osaka después de la despedida fue rápido, en solo 25 minutos mi tren estaba en JR Kobe. Llovía, y por suerte tenía un bus del hotel que me transportó en pocos minutos.

Mi experiencia iba a ser pasar una noche divina en Kobe pero llegué cansadísima, así que cancelé todo lo que había planeado y me sumergí en la tina del Kobe Meriken Park Oriental Hotel después de que una divina nepalesa me enseñara mi habitación. El hotel es un 4 estrellas enorme y precioso, pero la verdad es que sólo quería disfrutar de una noche tranquila, procesando todo lo que había pasado pero- lo más importante- descansando.

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Puse mi Spotify con música de Jorge Drexler y llené la bañera con agua y sales para descansar. Para todos los que piensen cómo pagué la habitación, resulta que si algo que me dejó de enseñanza mi relación pasada es encontrar ofertas de último momento, pagando muchísimo menos de lo que en realidad valdrían a precio normal. Eso hice: pagué aproximadamente la mitad de lo que vale una noche y listo. La habitación era como una de crucero, porque el hotel en sí parece un barco gigante, un transatlántico estilo Titanic. Como está en el puerto, a la vista parece un barco más.

Me quedé en la bañera un rato y después pedí servicio de habitación para la cena, lo que me hizo acordar de mis noches en San Pablo por trabajo. ¡Felicidad cuando llegó mi plato calentito de sándwich de pollo con papas fritas! Estaba agotada pero disfrutando mi momento.

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De Kobe, no pude conocer nada, porque además de cansada llegué enferma, con dolor de garganta que había aguantado todo el día en Osaka, con un resfrío naciendo (que aún tengo). Pero no importa, no me arrepiento. Otro día conoceré más de Kobe.

 

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