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Kyoto: lo que hicimos el fin de semana

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Si pensaba que el ritmo del viaje iba a parar después de llegar a Kyoto estaba equivocada. El primer fin de semana lo tuve libre, antes de empezar mi voluntariado en Kyoto (que les contaré luego de qué se trata). Me recibieron en la casa de los voluntarios con muchas ideas para hacer el fin de semana y estuvimos de acá para allá. El clima está muy caluroso pero eso no importó para lograr hacer de todo y más.

El sábado salimos con mis compañeras de voluntariado Eli (de Mallorca, España) y Jackie (de Suiza) a caminar con la idea de llegar a ver templos, un Tori gigante y demás. Como fuimos caminando todo el trayecto, paramos varias veces a ver templos que iban apareciendo, a almorzar, entramos a casas donde querés comprarte todo, fuimos a un marcado callejero lleno de comida extraña y cosas lindas, nos pasamos un par de horas en el Purikura para finalizar en la zona del rio Kamo, una de las zonas más lindas de Kyoto, donde la gente puede caminar, sentarse, incluso algunos entraban en el río para refrescarse un poco.

Pareja sacándose fotos a orillas de rio Kamo

Pareja sacándose fotos a orillas de rio Kamo

A orillas del río Kamo, fue donde conocimos una banda de chicos japoneses que estaban tocando en la calle (algo no muy común en Japón) canciones lindísimas. Hicimos una parada y nos deleitamos ojos y oidos. Con Eli y Jackie terminamos hablando de chicos, de historias románticas, de percepciones en el orilla del río descansando un poco.

Para volver, tomamos el subterráneo por primera vez. Todo es tan ordenado, limpio, fácil.

El domingo volvimos a salir con la intención de tomar una clase de origami en el 9no piso de la estación de trenes de Kyoto, una construcción arquitectónica increíblemente posmoderna y linda que impresiona. Con Jackie salimos más o menos temprano para conocer el Templo de Pabellón de Plata o Ginkakuji. Tomamos el colectivo por primera vez: tiene aire acondicionado, es mega moderno y cómodo para moverse por la ciudad. Antes de entrar al templo hay un camino lindo de negocios de artesanías y comidas. Cuando estábamos por entrar, paramos un minuto para terminar un helado y aparecieron un grupo de chicos japoneses que nos preguntaron si podían guiarnos en el templo para practicar su inglés. Of course, les dijimos y enseguida se pusieron a cargo de la salida. Eran 2 chicos y 3 chicas que nos contaron todo lo que sabían de este templo, lo que estuvo buenísimo porque nosotras no teníamos ni idea. Hablamos de nuestras vidas, de nuestros gustos, y demás cosas y con Jackie no podiamos creer cuán suertudas éramos de haberlos encontrado. Después del camino, nos despedimos súper agradecidas y ojalá podamos volver a encontrarlos para que ellos practiquen su inglés y nosotras conozcamos más de la ciudad.

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Con el grupo de chicos que nos guió en Templo de Plata

Tomamos un colectivo hacia la estación de Kyoto para tomar nuestra clase de origami y aunque llegamos 10 minutos tarde, nos esperaba la profesora y una clase de mayoría japoneses. Con muchísima paciencia, la profesora nos guió por 2 horas en el arte de hacer figuras con papel y el resultado fue una caja de papel y una estrella. En este centro, dan clases muy accesibles (la clase de origami solo costo 100 yenes, lo que equivale a 1 dólar, más o menos 15 pesos) de distintas técnicas como kimono e ikebana, así que me anoté las fechas para volver.

Comida en Kyoto

Plato de comida taiwanesa en estación de Kyoto

Después de la clase, con Jackie estábamos famélicas así que fuimos a buscar algo para comer y descansar en la estación. Había bastantes opciones pero nos decidimos por un lugar de comida taiwanesa, que resultó un golazo. No recuerdo cómo se llamaba lo que comimos pero constaba de carne, vegetales, huevo, salsa, miso todo en un bol mega caliente. Estaba buenísimo. Después fuimos a un depato (tienda gigante de 7 pisos) a ver cámaras para Jackie. ¡Primer fin de semana increíble!

Mercado en Kyoto

Mercado en Kyoto

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